Hablemos del cambio...

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Conferencia de apertura del II CONGRESO INTERNACIONAL DE COUNSELLING.
Tomares, del 17 al 20 de Octubre de 2013.

Mario Fernández Alameda
Presidente de AECO


Hablemos del cambio...

Nos reuníamos un grupo limitado de Gestaltistas y profesionales de la psicoterapia con Paolo Quattrini en Sevilla. Corría el año 1992 o 93, no lo recuerdo bien. Paolo, un gestaltista italiano, traía el Counselling como modalidad de relación de ayuda y una compañera nos había reunido en su consulta para trabajar con esta persona del todo desconocida para mí.
 

Entonces ocurrió algo. Algo que cambió mi vida para siempre. Paolo abrió una puerta en mi corazón, la puerta del cambio. Pues cegado por la angustia y por el malestar, no sabía mirar fuera de mí.

Solamente hizo falta que me detuviese, me mirase a mí mismo desde fuera de mí y reconociese en ese instante el cambio que se producía en mi estado de ánimo. Pasando de un estado físico y emocional insoportable a una sensación de sosiego que me permitió ver de manera muy diferente el asunto que trataba. Y esto ocurrió en un instante, no en tres años de terapia.

Nada había cambiado realmente a excepción de mi forma de mirar.

Cambió mi percepción de los hechos y por lo tanto la consciencia del presente hizo el resto. Un “Darse Cuenta” pleno que puso en marcha toda la maquinaria de la auto-actualización.

Y hay que caer en la cuenta que lo que llamamos realidad o verdad son construcciones de nuestra  percepción que nos ayudan a conocer y a situarnos en el mundo que nos rodea, pero cuando dejan de ejercer esta función de ayudarnos a conocer y a situarnos mejor en el mundo, entonces es el momento de empezar a desconfiar y plantearse que quizás las cosas no son tanto como uno las ve.

A través de desconfiar de mis propias percepciones comprendí que existía un universo de posibilidades dentro de mí, que si aprendía a manejarlo, a gestionarlo, viviría mucho mejor.

Asistía a la prueba de que no solamente es posible el cambio, si no necesario y que este fenómeno al que llamamos cambio no es producto de la casualidad ni del dirigismo mental, si no el resultado adaptativo de la gran sabiduría de nuestro organismo, que al no interferir en él, buscará su equilibrio, aunque este nuevo equilibrio no coincida con tus intereses del momento.

Cuando uno pierde contacto con una zona desagradable de su vida, también está perdiendo contacto con lo agradable y todo el potencial de su valor. Cada vez que evitamos tales cosas nos morimos un poco más, perdemos más con­tacto con nosotros mismos y con nuestro entorno.
Un darse cuenta pleno, es una identificación con mi expe­riencia y mi proceso, ahora: reconocer que ésta es mi experiencia, gústeme o no y que este gustar o no gustar de mí experiencia es también parte de ella. (J.O.Steven)

 

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El Counselling

El Counselling como profesión y la Gestalt como escuela de abordaje terapéutico, apuntan en una misma dirección.

El counselling promueve un tipo de contacto con el cliente en el que es necesario respetar la especificidad de la persona, así como el derecho a sus propias formas de pensar y vivir, y por lo tanto a sentirse de acuerdo a sus propias convicciones y valores.

La escuela de la Gestalt, avocada también a los mismos principios, proporciona además, vehículos para moverse a través de los acontecimientos emocionales y cognitivos de cada quien, sabiendo que las vías de comunicación intrapsíquicas son las mismas, pero los lugares a los que cada uno llega para su adaptación y bienestar son diferentes.

Esta singularidad hace del Enfoque Gestáltico una escuela no solamente de abordaje terapéutico, si no una forma de estar en la vida.

Una filosofía, en la que se aprende a relacionarse con lo diferente de cada cual y a no buscar verdades absolutas que nieguen o aniquilen las vivencias de uno mismo y de los otros, aprendiendo por lo tanto a desenvolverse con aquello que tú sientes y aquello que yo siento más que a mirar a lo que es justo o injusto, lo que es correcto o lo está equivocado, o lo que “debería de ser”.
 

El Cambio

Si algo ha dejado una huella indeleble en la historia de la humanidad es el “CAMBIO”, de hecho no podríamos entender nuestra propia historia sin el fenómeno del cambio. Pero para las personas, las dificultades empiezan cuando hay que enfrentar sus propios cambios.

Este es un fenómeno cuando menos curioso, puesto que cuando somos testigos de cambios en el otro que le han proporcionado mayor vitalidad o más expectativas de vida o simplemente mayor tolerancia y menos crispación, nos convertimos en admiradores de estos personajes. Lo que podrían ser modelos a imitar. Dicho de otra manera: cambiar para vivir mejor tiene una buena prensa.

Pero, cuando enfrentamos esta misma situación en nosotros mismos, entonces parecería que fuéramos a ser devorados por dragones, los miedos nos inmovilizan o nos hacen reactivos, muy poco reflexivos y nada comprensivos con nosotros mismos.

Sería fácil decir que lo que pasa es que es mas cómodo que sea el otro el que cambie. Personalmente, no lo creo, no creo que nos enfrentemos a un fenómeno de comodidad exclusivamente. Pero, sí creo que nos enfrentamos a un fenómeno de inercia, una especie de fuerza oculta que nos provee de una cierta seguridad, como aquella que produce la especialización, una especie de fuerza de gravedad que empuja siempre en la misma dirección y que termina sucediendo sin que yo me dé cuenta. Repitiéndose en nosotros una y otra vez, aunque los resultados sean desastrosos.

Un sin sentido robotizado que ahoga las posibilidades de la creatividad humana. Y siendo la creatividad humana la que posee el mayor contingente de posibilidades para cambiar, colapsamos todas las posibilidades de cambio.

Los hábitos de pensar, sentir y hacer que hemos creado para nuestra seguridad y bienestar se convierten, de repente, en fuerzas hostiles a nuestra propia sobrevivencia, a nuestro desarrollo y un grave inconveniente para acompañarnos hacia las nuevas fronteras de lo diferente.

El cambio en sí mismo no es ni bueno ni malo, es solamente un hecho que sucede. Es el resultado lo que importa,(…) y para conocer el resultado es necesario arriesgarse. Vivir es arriesgado. Por lo que podemos decir que el riesgo es a la vida como el agua es al océano, no existe océano sin agua, como tampoco existe vida sin riesgo. Solamente no viviendo (haciendo "como sI") no se corren riesgos, pero entonces la vida no sabe, el hastío inunda el alma y desaparece el placer y el compromiso con la vida. Situación esta que motiva muchas consultas terapéuticas.

Por lo tanto, saber manejar el cambio se convierte en un imperativo para la vida (…) y más que esforzarse en detener el cambio, habría que esforzarse en aprender a gestionarlo y manejarlo.

Hay muchas escuelas de auto-mejoramiento que suelen decirle a uno cómo cambiarse a sí mismo. Pero  cuando se trata el cambio desde este modelo dirigista, uno se manipula y se tortura y casi siempre se divide en una parte que quiere cambiar y otra que se resiste. Incluso si consigue resultados, el precio suele ser el conflicto, la confusión e incertidumbre; por lo general cuando más intenta cambiar, peor se torna la situación.

Por lo tanto, no cualquier escuela psicológica que pretenda ayudarle será saludable para su bienestar.

La escuela de la Gestalt

En la escuela de la Gestalt los cambios no son buscados ni provocados, ni dirigidos. Son el resultado de vivir y experienciarse a la luz de la consciencia, son el resultado de operaciones muy complejas que todo el sistema persona (lo psíquico, lo físico, lo emocional) realiza en busca siempre del equilibrio, de su regulación organísmica.

Se basa en el descubrimiento de que es muchísimo más útil aprender a tomar consciencia, a darse cuenta de cómo está aquí y ahora uno mismo, que tratar de cambiar o detener o incluso evitar algo que hay en mí que no me gusta.  

Uno no puede mejorar su funcionamiento: solamente puede interferir con él, disfrazarlo o distorsionarlo.
Solamente cuando de verdad se pone en contacto con su propia vivencia descubre que el CAMBIO se produce por sí solo, sin esfuerzo ni planificación.

El Counselling es el espacio para la intimidad, para la reflexión profunda y la honestidad consigo mismo, un espacio donde será respetado en toda su dimensión de persona, donde no caben los juicios, ni las ayudas paternales/maternales o protectoras que limiten sus capacidades, su fuerza e inteligencia.
Un lugar donde no será interpretado ni habrá necesidad de recurrir a explicaciones para “comprender  su vivencia”.
Con el Enfoque Gestáltico, además, podrá descubrir su propia realidad, su propia existencia y su humanidad y a sentirse más cómodo en ella.

Pero… ¿a qué Enfoque Gestáltico me estoy refiriendo? Porque la Gestalt es, quizás, el enfoque y abordaje terapéutico más manoseado y mal interpretado de los últimos tiempos, convertido en cueva de terapeutas del “todo vale”, que no solamente la desprestigian si no que limitan a otros la posibilidad de conocer y experimentar la riqueza existencial, filosófica y terapéutica que tiene este enfoque, cuando promueven en las personas experiencias desagradables e incompletas, cuando protagonizan y modelan conductas incongruentes y contradictorias. En algún sentido, la Gestalt es como la democracia, no se puede aprender a ser demócrata sometido a la tiranía de un sistema rígido y nada democrático de enseñanza. La esencia de la Gestalt se apoya en la pronunciación del libre albedrío (libre elección) y en la toma de responsabilidad inherente al uso que haces ello. Cualquier otra fórmula que no respete estos principios no cabe adentro del modelo gestáltico.

Por eso yo me refiero al Enfoque Gestáltico que ejerce y promueve un enfoque más existencial que vivencial, más fenomenológico que revelador y que ejerce no solamente una capacidad sanadora, si no también preventiva al crear una ética en lo que al comportamiento humano se refiere.

Creo que es indispensable buscar a aquellos terapeutas, counsellors o consejeros que nos enseñen a rescatar el contacto con nosotros mismos, a conectarnos con nuestras propias vivencias, a usar nuestra propia sabiduría y abandonar de una vez por todas a aquellos que nos dicen cómo tenemos que vivir la vida y nos dictaminan e interpretan de acuerdo a sus propias carencias y limitaciones. Desplazando la dependencia del ambiente a la dependencia del terapeuta, consiguiendo de este modo el empobrecimiento de la existencia del cliente que bajo ninguna excusa puede entenderse como terapéutico o sanador.

Ocuparse con toda la fuerza en saber dónde está, que está pasando en mí ahora. Vivir el aquí y ahora, no es entregarse a la “dolche vita” de la despreocupación o la indolencia, es pararse sobre sus propios pies, detenerse y escucharse y verificar, sobre todo verificar cuanto de lo que me pasa hoy, de cómo estoy hoy,  tiene que ver con las cosas que hago hoy. Y no con las cosas de mi pasado. 

Sin duda esta vertiente, este enfoque, no se “ajustará a las exigencias de la sociedad". Podrá ayudarle a ajustarse a sí mismo. Lo cual, la mayoría de las veces, suele ser lo contrario a lo que la sociedad o su pareja o sus amigos creen que usted “DEBERÍA” ser. Pero usted y sólo usted decide cómo quiere vivir su existencia. ( J.O.Steven)

El fenómeno del Bienestar

Mirando al fenómeno del “bienestar”. Por lo común, somos consultados cuando se quiebra el bienestar en la persona o cuando, a pesar de los muchos esfuerzos, el bienestar no llega y la vida se ha convertido en una auténtica tortura o un desierto de lánguidas lamentaciones.

Ante esta circunstancia, es cuando se busca ayuda, ayuda del médico, del psicólogo, del psicoterapeuta, del sacerdote o del amigo.

Ayudar a ayudarse es la ayuda que provee el Counselling y no otra. “No se puede confundir”.

Todas las modalidades de terapia tienen una cosa en común con lo que podríamos llamar "sentido del bienestar" y es que todas intentan, a su modo, ajustar lo que "no va".

En el Counselling que trabaja en orientación existencial y se apoya en los procesos de la fenomenología, no tenemos un modo de ajuste de lo que “no va” para el cliente.

Sí disponemos de una metodología, una práctica que hace posible que el modo de ajustar lo que "no va" sea el del propio del cliente, un modo que respete su especificidad como persona y que se ajuste a sus propias necesidades humanas, entendiendo que las buenas relaciones con otros es también y primero que nada una necesidad individual, aunque parezca colectiva.

Por lo tanto, es necesario en este enfoque de ayuda profesional, ponerle voz y atender a las necesidades individuales, algo que se ha interrumpido a través de los procesos educativos institucionales y también en las relaciones parentales por creerlo egoísta y que fomenta el individualismo y la enajenación de la solidaridad. (…)

Y nada más incierto.

Aprender a ser quien se es y aprender a atender a tus propias necesidades es el vínculo a la expresión genuina de las cualidades humanas (sin el cual las cualidades humanas no se podrán expresar libres y  genuinamente).

Mi punto de vista es que cuando se aniquila (por uno mismo o por los  otros) la singularidad natural, la especificidad de cada quien, es cuando las relaciones con la colectividad se vuelven forzadas, obedientes y carentes de lo genuino y por lo tanto intoxicadas.

La esperanza del cambio

En esta breve conferencia he pretendido revisar el "Cambio" como un fenómeno ineludible, no exento de dificultades y tensiones, a veces fácilmente soportables y otras veces -la mayoría- representando una travesía épica en la que como en los cuentos, hay que atravesar por pantanos y cavernas, enfrentarse a dragones y burlar a brujas y hechiceros.

Lo interesante es que es tú propia aventura. (…)
Un cambio es siempre muerte y renacimiento. La muerte de lo viejo, que ya no sirve, y el florecer a lo nuevo, lo que está por estrenar. Y como en toda pérdida, es necesario el duelo por lo que se fue (…) y como todo renacer trae la incertidumbre, la excitación hacia la vida y la esperanza.

El cambio es una parte de la vida, una parte del crecimiento humano y de la auto-actualización.
Una necesidad y un derecho.
No es el cambio lo que produce malestar y tortura, más bien es el empeño en evitarlo, lo que nos martiriza y nos somete a una espiral de desórdenes que enturbian la existencia de la persona.

Se puede aprender a acompañar el propio cambio, (…) se puede aprender a gestionar el propio cambio, (…) a decidir la forma y dirección de su vida y con ello, tener una cierta influencia en su futuro.
Esto no es sólo posible o inteligente, es indispensable para su bienestar.

El counselling, desde esta perspectiva, es un modelo transformador que promueve una revolución, la revolución del sí mismo, el cambio de uno mismo. Una revolución privada y silenciosa, pero de alcances incalculables para la mejora y el entendimiento en las relaciones humanas.  

Al counselling se contraponen aquellas corrientes y modelos de relación de ayuda donde el profesional apunta a saber y querer saber más de su cliente, que el cliente mismo, ahogando y colapsando la toma de consciencia individual y el desarrollo creativo del auto-aprendizaje, que culminará en el auto-apoyo y del cliente.  “En su sanación si se le quiere llamar así.

Lo nuevo en el Counselling es precisamente esto, que todo el proceso en la relación del cliente con el operador de ayuda, está en constante contacto con la toma de consciencia individual de todos los procesos humanos, un despertar a sí mismo que consigue que germine y que florezca la semilla de la humanización.

Fín del artículo.

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