Desarrollar la creatividad y fomentar el deseo en la Relación de Ayuda. Chiara Bartoletti.

Chiara Bartoletti es Presidenta de la Asociación Italina de Counselling (AICO). El texto del artículo corresponde a su taller del mismo nombre ofrecido durante el II CONGRESO INTERNACIONAL DE COUNSELLING, celebrado en Tomares, Sevilla en Octubre de 2013. 

Dictado por Marina Machuca, Counsellor Gestalt del Instituto Gestalt Counselling. 

Hola a todos:
Voy a compartir con vosotros las anotaciones que tomé en el taller de Chiara Bartoletti.
Me gustaría que lo leyeseis teniendo en cuenta mis propias limitaciones, ya que el hecho de que Chiara estaba siendo continuamente traducida, añadido a mi propia interpretación de sus palabras, pudiera haber distorsionado alguna de sus ideas. No quiero que esa posibilidad evite el hecho de haceros partícipes de unas palabras con las que yo he disfrutado, y que considero interesantes para todos los que nos apasiona el Counselling. ¡Ahí van! 

DESARROLLAR LA CREATIVIDAD Y FOMENTAR EL DESEO EN LA RELACIÓN DE AYUDA.

Chiara Bartoletti

Según la etimología, la palabra seducción viene del latín seducere (se, prefijo que indica “hacia sí” ; ducere, conducir, guiar…); luego, seducción sería “conducir hacia uno mismo”, “entrar en contacto con uno mismo”.
La seducción implica intencionalidad.

En Counselling, la seducción no quiere decir “enamorarse de…” o “enamorar a…”; la intencionalidad va dirigida a “tomar contacto con el cliente” y ese contacto sería, de alguna manera, una forma de “enamorarlo”; enamorarlo para conseguir que “algo pueda acontecer”.

Cuando existe seducción, se despierta el deseo (desear es echar de menos, ser consciente de algo que falta).
Entendiendo la seducción como favorecer el “entrar en contacto con uno mismo”, es en ese “uno mismo” donde se anhela satisfacer “algo”; es por esto por lo que la seducción estimula el deseo.

El deseo, a su vez, aumenta la seducción, ya que al notar la falta, aumenta la intencionalidad de “búsqueda” para satisfacer eso que nos falta.
Por tanto, ambos colaboran alimentándose mutuamente.

La creatividad es muy necesaria para conseguir todo ello, ya que da la posibilidad de “inventar” nuevas maneras de seducir.
Si creamos, modificamos lo que hacemos, por tanto, tenemos posibilidad de cambiar la relación con el otro.

El counsellor tiene que dar el primer paso para contactar con el cliente, para seducirlo, pero no con una intención manipuladora.
Con la manipulación ocurre justo lo contrario, ya que la manipulación evita que “pase algo” con el cliente.
Es lo mismo que ocurre con las parejas, se pueden manipular con palabras, regalos, gestos, pero con ello sólo se consigue convertir al otro en “objeto”. Podremos conseguir que haga lo que nosotros queremos, pero ya está, ahí se acaba todo. Poseemos así el objeto, convirtiéndonos en “coleccionistas de objetos” y nada más.
Es mucho más estimulante tratar a las personas como personas y no como objetos.

Como terapeuta puedes crear el deseo, encender el “flechazo”, para iniciar así una relación, pero poco a poco se va produciendo un intercambio: damos y recibimos.
La relación de A con B es Y, ya que “creamos algo”, surge algo nuevo.
Intercambiamos con el cliente una alternancia de “escuchar” y de “expresarse”.
Pero uno no puede estar siempre en la posición de hablar, tampoco sólo en la de escuchar; en el Counselling, depende de lo que te aporte el cliente, pero siempre deben ir alternándose ambas posturas.
El counsellor hace “vestidos a medida”; es como una especie de sastre que hace, junto al cliente, el modelo que mejor se le ajusta.

Un primer paso en el proceso de seducción sería la escucha, no sólo de palabras. Se trata de un escuchar más allá de sus palabras: muchas veces el tono de la voz, el gesto dicen más de la persona que las propias palabras.
Es importante dejar espacio, tiempo… para que las personas se expresen.
Escuchar es dificilísimo; es más fácil entrenarse a hablar y a expresar emociones, que a escuchar las emociones “sintiéndolas”.
El counsellor no tiene que “llorar” con el cliente, pero tiene que imaginar lo que el cliente siente cuando éste llora.
El difícil “escuchar” al otro -más difícil de lo que parece- pero si queremos, podemos.
Es importante ponerse en la “postura” de la “escucha”, de lo contrario, es imposible realizarla, imposible imaginar lo que le ocurre al cliente.
La intuición es más rápida que la escucha, pero no debemos guiarnos sólo de la intuición, debemos ir más lentos, para poder escucharlo “todo”.
La “postura de la escucha”, es una postura que “se pone” o “no se pone”…no es un “no puedo ponerme en su lugar”…sí se consigue, pero ejercitándolo.
Muchas veces se piensa que saber escuchar es un don que unos tienen y otros no, pero esto es algo que se ejercita.

Igual ocurre con la creatividad, no es un don; puedes tener mayor o menor facilidad a la hora de ser creativo, pero la creatividad se estimula ejercitándola.
El cliente, a veces, sólo ve una posibilidad de acción. Nuestro trabajo, como counsellor, sería el de actuar sobre la imaginación: intentar que el cliente imagine nuevas posibilidades y, si no logra “imaginar estas nuevas posibilidades”, proponerle “crear” la fantasía en ese momento: “ponle color” a lo que te pasa…”dale intensidad a ese color”…la fantasía no viene de golpe, se desarrolla, se crea.

El bienestar de una persona no está en el cambio de ciudad, de familia… los counsellors, al trabajar con el cliente, tendríamos que conseguir “abrir ventanas” a la persona, ayudarle a que vea otras posibilidades para su vida.
Para ello es necesario el uso de la fantasía, pero ¿cuál es el lenguaje que utilizamos para desarrollar esa fantasía?, ¿cuál es el lenguaje para conseguir que otra persona quiera desear?.
Para seducir, normalmente utilizamos el lenguaje descriptivo:
El cliente cuenta con todo lujo de detalles cuál es su situación, cree que así se le va a entender mejor. Pero al contar las cosas de manera muy detallada, queda muy poco espacio para desarrollar su imaginación, y ésta es importante desarrollarla, porque amplía sus posibilidades hasta el infinito.

A partir de los efectos que se producen, ante los fenómenos que se presentan, podemos imaginar nuevos escenarios. Tenemos que usar el lenguaje de la imaginación como si fueran conceptos.
Las metáforas son una forma maravillosa de comunicar con imágenes.

Por ejemplo: Siento malestar.
Puedo describir el malestar como cansancio, angustia, ahogo… y puedo no ser entendido; sin embargo si utilizo una metáfora: me siento como si estuviera en el borde de un abismo… el otro puede imaginar esa sensación y, probablemente, pueda entenderme mejor.
Si, como counsellor, preguntamos: ¿Cómo te sientes? Y la respuesta es “como si…”, aunque no notemos esa sensación, esa emoción…sí me doy cuenta de cómo se siente el otro.
Las imágenes sirven para involucrar al otro, de una manera divertida, en lo que son las emociones, además de hacernos entender.
Es más fácil interesar al otro con imágenes, las grandes descripciones aburren. Lograr que el cliente exprese de otra manera lo que le ocurre, es como enseñarlo a transformar la percepción de una obra de arte; se encontrará enfrentado a mayor número de imágenes que le facilitarán enfrentar su realidad.

La creatividad es algo que ayuda mucho al bienestar de las personas. Cuando el cliente acude a consulta con sus “cristalizaciones”, éstas están constituídas de “estados áridos” que “no huelen”, “no saben”…Volver a contactar con el propio sentir es fundamental.

Por ejemplo, una madre acude a consulta, y en la descripción detallada de lo que le ocurre, afirma que la mejor hora del día –después de un montón de horas de trabajo de gran responsabilidad- es el momento de recoger a sus niñas del colegio, a las cinco de la tarde.
Como counsellor, le devuelvo la imagen que yo recibo de ese momento: “cansada, con las niñas gritando, peleándose… para mí no sería la mejor hora del día, o al menos no la sería siempre…”. Ella reconoce su propio sentir, reconoce su verdadera percepción. Antes confundía lo que sentía (cansancio) con lo que “creía debía sentir” (felicidad).
Ve la imagen mía (del counsellor) y ve una imagen en la que se reconoce.
La creatividad desarrolla la creatividad.

El counsellor debe estar siempre pendiente del contexto en el que se desarrolla la emoción que se describe.
Por ejemplo, un avión cae en un campo de trigo, un campesino tendrá sensación de pérdidas de tipo económico, para una pareja que se reunía allí, será otro tipo de pérdidas, pérdidas de encuentros románticos.

Ante un conflicto, el cliente afirma: No puedo resolverlo, no tiene solución.
El counsellor, primero debe ayudar al cliente a imaginar diferentes posibilidades de encarar la situación, para después, ayudarle a experimentarlas -también de manera fantasiosa-.
Percibirá así diferentes escalones imaginativos, que poco a poco irá descartando, hasta quedarse con esa posibilidad con la que siente seguridad, que a él, le parece una buena decisión; transformando así un “no puedo”, por un “no quiero”, porque he hecho una elección, ya no hay resignación.
Cada vez que nos resignamos aparece el rencor, si somos conscientes de que no nos resignamos, si no que elegimos, el rencor desaparece.
Pero cada elección implica una responsabilidad, al decir “no quiero” ejercemos una mayor libertad, y nos sentimos mejor porque he dado goce a mis voces interiores, y he escuchado cuál es la voz más fuerte.

Por ejemplo, una pareja en la que ha desaparecido el amor y ella, en terapia, afirma: “no se puede estar con alguien a quien no se quiere”… esto se puede decir con rotundidad, con seguridad, con una “voz fuerte”.
Pero si hay otra voz que dice: “es maravilloso viajar en primera clase” (privilegio que le proporciona el marido)… ésta voz puede ser, a su vez, suave; pero podría ser también fuerte y rotunda… dependerá de cada quien, pero lo que no se puede es hacer elecciones cínicas: elegir separarte porque “no se puede estar con alguien a quien no se quiere”… cuando tu voz interior te dice con voz más alta “es maravilloso viajar en primera clase”, y esto es lo que realmente te importa. Por tanto, eliges no separarte porque te interesa más viajar en primera clase que vivir con una persona que no amas. Esta sería una elección responsable, en la que se ha escuchado a tu voz interior.

A la hora de seducir, hay que ser imaginativos, porque si no, vamos a seducir siempre al mismo tipo de personas.
Es importante, primero escuchar a la otra persona, “olfatearla”.
Para realizar esto de una manera correcta, completa, es fundamental el estudio del carácter.
Cada carácter tiene su “moneda” por la que puede ser comprada, tiene su precio, su manera de “dejarse seducir”.
Es importante imaginar el carácter del cliente y cuáles son sus deseos, o sus miedos.
Por ejemplo, un cliente que siente mucho miedo: para “seducirlo”, tengo que hacerlo poco a poco, no puedo acercarme demasiado, es importante mantener una “distancia de seguridad” a la hora de entrar en contacto con él, porque de otra forma, se puede asustar y abandonar la terapia.
Hay formas específicas de conquistar cada eneatipo: al uno, sería obedeciéndolo; al dos, adorándolo; al tres, gratificándolo, al cuatro aceptando que como él sufre, no sufre nadie; al cinco, entendiéndolo; al seis, perdonándolo, al siete, acercándonos y alejándonos –dejando que se escape-…

La forma de acercarnos a cada cliente tiene que ser “hecha a medida”; a una persona para la que son muy importantes los sentimientos, como counsellor, es importante “acercarse” a ella para poder contactar; sin embargo, para una persona en la que es importante el pensamiento, necesita distancia, necesita espacio para poder “escapar”.

Por eso es fundamental en nuestro trabajo poder “oler” a las personas antes de seducirlas; olerlas sin interpretarlas, porque correría el riesgo de etiquetarlas, y por tanto, de volverlas “algo inamovible”.

Es importante estar en el mismo plano que el cliente, ya que una posición superior es una posición manipuladora.
La relación yo/tú, en un plano de igual a igual, hace que la persona no pierda su propia ética y, por tanto, nadie se aproveche de la situación.
Si el counsellor ejerce una actitud manipuladora, se volvería un “coleccionista” de clientes; sería una actitud “de muerte”, porque no se generaría energía, simplemente se conseguiría “la propiedad” del cliente, anulando toda posibilidad de contacto, “mataría” el contacto: es un coleccionista de mariposas.

La sociedad consumista nos hace confundir “el deseo” con “la necesidad”.
Siempre que hablamos de necesidad nos enfrentamos a la posibilidad de necesitar objetos: un coche, un ordenador, comida, vestido, pero es importante no confundirnos con “deseo”, porque el deseo te invita, a lo largo de toda la vida, a seguir deseando; las personas tienen miedo a confirmar el deseo y lo cuestionan, porque el deseo implica esfuerzo, desestabilización, porque desear (el deseo es desear las estrellas, desear su luz, su iluminación) es anhelar, deseo es ser consciente de la falta, pero el deseo es lo que hace que la vida merezca la pena; quizás no eres el mejor, pero lo mismo eres feliz “nada más empezando a actuar”.
Para seguir a las estrellas es importante saber dónde queremos ir: las estrellas nos indican dónde estamos, pero no adónde queremos ir.
Podemos encontrar las estrellas del cielo, y entre ellas, una que nos guste, y tenemos la libertad de seguirla y no perder el camino. Si el cielo está nublado, podemos confundirnos, perdernos, pero volveremos a verla; debemos buscar la forma para que ello ocurra, programarlo, dejar de tener angustia porque nuestra estrella está “ahí”. Es muy importante acompañar al cliente a “seguir su estrella”, a seguir “su elección”, de manera libre.